Hay momentos que no se olvidan. Quedan grabados en la memoria. No se pueden olvidar.
Ni el lugar donde uno estuvo, ni el día, ni siquiera la hora.
A menudo esos momentos son tristes. Trágicos.
Uno de ellos fue el lunes 18 de julio de 1994. 22 años atrás.
Era las 9 53 hs.
El día que marca un antes y un después en la vida de la comunidad judía argentina.
Una cicatriz que no cierra.
«La bomba estalló inesperadamente…un explosivo preparado para destruir, para causar el pánico, la muerte, la confusión, el terror. Un terror ciego, criminal, dantesco, que desconoce la piedad y las reglas de todo juego. Ese terror fue el que manejó aquella bomba el 18 de julio de 1994 y estalló. Y sembró la muerte alrededor. Ochenta y cinco víctimas inocentes quedaron bajo los escombros…mi hija Andrea fue una de esas víctimas: mi única hija…».
Este es un emotivo fragmento de la Introducción del libro publicado por Sofía Guterman, en homenaje a su hija Andrea.
La AMIA.
En la fecha señalada la AMIA fue víctima de uno de los peores atentados antisemitas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el atentado terrorista-antisemita más letal perpetrado en el continente americano.
Se troncharon ochenta y cinco vidas. Algunas de ellas muy jóvenes y aún con muchos años por vivir.
La mayoría de las víctimas fueron judíos. Algunos no lo fueron. Pero el destino, el aciago destino los unió: el Kadish lo decimos por todos ellos por igual. Cuando año tras año se realiza el emotivo acto en la calle Pasteur en homenaje a las víctimas, cuando se pronuncia nombre por nombre, se dice PRESENTE por cada uno de ellos.
Al mismo tiempo queda claro desde un principio que el móvil del bárbaro atentado terrorista fue antisemita. El objetivo: destruir cuantas más vidas judías fuese posible, en un lugar emblemático para la comunidad judía argentina.
La AMIA de la calle Pasteur -lugar en el que alguna vez habíamos estado en los años previos- era algo así como el corazón de la vida judía en la Argentina. Además de todos quienes trabajaban allí, en algún momento la vida de la la mayoría de los judíos argentinos se cruzaba con la AMIA. Desde siempre.
El edificio, con el paso del tiempo pudo ser reconstruido. Pero las ochenta y cinco víctimas no resucitarán.
Tzedek Tzedek Tirdof. Justicia, justicia perseguirás. Así dice el mandato bíblico.
Seguimos persiguiéndola, seguimos buscando.
La justicia tarda pero llega. Pero tambien podriamos decir: la justicia llega pero tarde.
A veces, demasiado tarde. En este caso: ¿llegará algún día?
Entre tanto, como es sabido, la cantidad de víctimas del atentado a la AMIA aumentó de ochenta y cinco a ochenta y seis: la más reciente víctima, la ochenta y seis fue Alberto Nisman…
Se conmemora un año más del atentado a la AMIA.
El dolor de los judíos argentinos también debe ser -ES- el dolor de los judíos uruguayos y compartido por todo el pueblo de Israel.
Lic. Rafael Winter (Rufo)
AMIA: 22 años de impunidad- Hay memoria; aún no hay justicia
19/Jul/2016
Lic. Rafael Winter (Rufo), para CCIU